Fingers de pollo, hechos al horno

Tres años. Esos son los que tiene mi pequeñajo. Y no es precisamente el mejor comedor del mundo, la verdad.
Está en una fase en la que parece querer alimentarse solo de patatas fritas y pan.
¡Qué frustración!

Parece que una forma más apetecible para presentarle carnes y pescados es el rebozado (no, no, las verduras ni así).
Pero como a mí las frituras no es que me encanten prefiero hacerlo al horno.

El horno tiene además varias ventajas, porque puedes cocinar gran cantidad a la vez (en lugar de hacer tandas para freír, que la primera ya esté enfriándose mientras cocinas la siguiente) y además no tienes que estar prácticamente pendiente.

Además este plato congela perfectamente.
Y eso se agradece cuando vienen semanas complicadas, como esta, que tengo un gripazo tremendo y escasas ganas de cocinar. Descongelar, al horno y una ensaladita para acompañar, ¡cero complicaciones!

Para lo que ya no tengo remedio es para lo de que el pequeñajo no coma casi nada de nada. ¡Señor, danos paciencia!

Ingredientes

  • una pechuga de pollo
  • harina
  • 1 huevo
  • pan rallado grueso
  • sal, pimenta, perejil, pimentón dulce

Preparación

Cortamos la pechuga en tiras de un grosor similar, como referencia más o menos como un dedo. De ahí el nombre y tal.
Salpimentamos a nuestro gusto. Un poquito de pimentón les queda muy rico, yo lo dejo caer.

En un plato ponemos algo de harina, en otro el huevo batido (con un poco de leche o agua si queremos que nos cunda más) y en otro el pan rallado (mezclado con un poquito de perejil si los tiquismiquis de la casa lo permiten).
Para este plato me gusta el pan rallado crujiente de Gallo, porque tiene un granulado grueso, pero realmente con cualquier otro pan rallado también saldrá.
Vamos pasando los trozos de pechuga por la harina, el huevo y el pan rallado, como para cualquier rebozado.

Si queremos refrigerarlos o congelarlos, los guardamos en una fiambrera. No es necesaria ninguna precaución particular.
Eso sí, antes de meterlos al horno es mejor descongelarlos durante unas cuantas horas en el frigorífico.

Calentamos el horno a temperatura alta (200ºC).

Podemos poner un tapete de silicona sobre la bandeja de horno, a mí me resulta práctico para la limpieza pero es opcional.
Colocamos los fingers sobre la bandeja y los regamos con un hilillo de aceite, poco pero bien repartido.
Horneamos durante aproximadamente 20 minutos, hasta que el rebozado aparezca ligeramente dorado.

Podemos aprovechar para hacer una guarnición de verduras al horno, o servir con ensalada.



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