Pan de maíz con semillas

Pan de maíz con semillas

En nuestra cultura el pan se considera un alimento básico, fundamental, que se consume a diario… y por supuesto que se compra a diario, a ser posible recién horneado en una panadería de confianza.

Hasta que llega una pandemia a tocarnos los bemoles y toca confinarse, claro.
Porque no vamos a salir todos los días de casa a comprar pan, ¿o sí?

Soy de las que piensa que, por responsabilidad, debemos intentar gestionar nuestras salidas lo mejor posible.
Y el pan congela perfectamente. Se pueden comprar varias piezas y congelarlas, troceadas incluso para que descongelen más rápidas.
O se puede hacer en casa, aprovechando que total estamos encerrados y tenemos tiempo para vigilar el levado de la masa.

A mí me gusta hacer pan.
Y por mis horarios me resulta más cómodo que ir a comprar pan al salir de trabajar.
Así que lo hago todas las semanas.

Mi pan de referencia es el pan rústico que publiqué hace ya 8 años.
Me gusta como queda, me sale bien, y además admite muchas variaciones sin complicarse la vida.

Y este que os traigo hoy, aunque en apariencia no se parezca nada, es en realidad la misma receta tuneada.

Ingredientes

  • 2 tazas de harina de fuerza
  • 2 tazas de harina integral
  • 2 tazas de harina de maíz
  • 1 taza de semillas pequeñas (de chía, sésamo)
  • 1 puñado de semillas de calabaza
  • 1 cubito (25g) de levadura fresca
  • agua
  • 2 cucharadas de sal

Preparación

Mezclamos las harinas, las semillas y la sal en un cuenco.
Deshacemos la levadura con las manos y la agregamos.
Calentamos un poco el agua, hasta que esté templada, y añadimos una taza de agua templada a las harinas. Luego iremos añadiendo más, hasta que tenga la consistencia que deseamos. (Para una pieza como esta, la justa para que podamos amasar cómodamente, pero no muy húmeda.)

Trabajamos con las manos hasta que se separe de las paredes del cuenco.
Volcamos sobre una superficie enharinada y amasamos durante unos 10 minutos, hasta que quede homogénea y elástica.

Engrasamos un cuenco con aceite.
Hacemos una bola con la masa y la introducimos en el cuenco.
La tapamos con un paño húmo y la dejamos leudar en un sitio cálido hasta que doble su volumen, lo que puede llevar 1 o 2 horas.

Volcamos la masa nuevamente sobre la superficie enharinada, la apretamos con el puño y la trabajamos durante 2 minutos.
Partimos la masa en dos trozos y hacemos sendas bolas.
Con un pincel, las pintamos ligeramente con agua. Les hacemos un corte en forma de cruz por la parte superior.
Dejamos leudar la masa otros cubierta con un paño húmedo otros 45 minutos.

Precalentamos el horno a 200ºC.
Horneamos hasta que la corteza esté dorada, aproximadamente 35-40 minutos.
Dejamos enfriar sobre una rejilla metálica.



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